miércoles, 25 de septiembre de 2013

Un precio precioso


                                    


           

En mi vida nadie me ha tachado de cobarde, es más, de pequeña era el terror del barrio para dolor de mis padres, nada me daba miedo con lo que mis visitas a urgencias eran como el pan nuestro de cada día. Si algo se me metía entre ceja y ceja iba a por ello pagando cualquier precio para conseguirlo.


A los veinticinco años alquilé una película que me encantó, me enamoré perdidamente del protagonista y decidí inmediatamente que iría a buscarlo a su país, nada menos que a China, cuando se lo conté a mi madre me miró con horror y sus únicas palabras fueron “¡Vuelve por favor!”.


Con la carátula de la película me fui a buscarlo, había oído hablar de lo grandísimo que era aquel país y los muchos habitantes que tenía, nunca podría haberme imaginado lo cierto que era. En el mismo aeropuerto comencé mi búsqueda, la gente me miraba sonriente asintiendo con la cabeza pero ninguno me daba explicación, yo no sabía hablar en chino y ellos entendían poquísimo mi inglés.


Durante días pregunté en tiendas, restaurantes, oficinas de correos e incluso en las comisarias de policía, nadie sabía donde vivía.


A las dos semanas de mi llegada me sentía muy cansada más no rendida, estaba tan enamorada de aquel hombre que nada lograba desanimarme.


Una noche lo vi en mis sueños, estaba en una plaza muy grande paseando, yo me acerqué a él y sin más le dije que lo amaba, al terminar de decírselo me tomó entre sus brazos y me besó apasionadamente, me sentí como la protagonista de su película.


Al despertar una intuición me llevó hasta la plaza de Tian´ánmen, saqué mi bendita película del bolso y empecé de nuevo a preguntar a unos y otros, una mujer me señaló una calle cercana y el edificio más alto, decidida y emocionada me dirigí hacia él pregunté a un hombre que salía de la casa en ese momento y sonriendo me indicó que en el segundo piso, subí por las escaleras no tenía acierto para esperar el ascensor.


En el rellano una puerta a mi derecha y otra a mi izquierda esperaban que yo las aporreara sin piedad, me decidí por la de la izquierda. Abrió un hombre y pensé que sería su padre porque se parecía enormemente a él, al enseñarle la fotografía se sonrió señalándose a si mismo ¡No podía ser! Apenas hacía un mes que vi la película y era mucho más joven, desconcertada di la vuelta a la carátula y para mi asombro descubrí que se había estrenado justo el año que yo nací, más o menos mi amor me doblaba la edad.




Él me miraba sorprendido y como esperando una explicación, entendía mi inglés de andar por la escuela secundaria y poco a poco le conté el por qué de mi visita, me sonreía y al hacerlo de aquella manera tan dulce me di cuenta que aún seguía enamorada, amablemente me invitó a entrar. Yo rogué al cielo que en aquella casa no viviera ninguna mujer, a cambio yo pagaría los precios que fueran necesarios.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Por una cabeza


Deslizas tus pies contoneando el cuerpo al ritmo de la música que viene del arrabal y esa elegancia que propones es propia de la aristocracia de tu alma, que nada tiene que ver con aquel lugar tan lleno de canto desgarrado sin oídos que lo escuchen.


martes, 17 de septiembre de 2013

Zapatos para un sueño


            Hacía años que no me compraba unos zapatos de los que me gustaban tanto, los de tacón de aguja y puntera clásica, redondeadas como la misma luna.
            Cuando los vi en el escaparate ni lo pensé, entré y pedí mi numero en color negro, la chica me  miró raro.
            -¿Se ha dado cuenta de que el tacón es muy fino y mide doce centímetros?
            -Claro que sí, por eso quiero comprarlos.
            -Pero…
            -Sáquelos de una vez,
            En el momento que los tuve en mis manos me enamoré de ellos, su piel  suave y negra se pegó a mis pies, adivinaba al vérmelos puestos una relación sensual y amorosa  entre ellos y yo.
            La dependienta no salía de su asombro cuando los pagué
            -¿Se los  pondrá?
            -Por supuesto que sí, todas las noches para dormir.

            La joven me acompañó hasta la puerta ayudándome a sacar el andador, muletas que me sostienen hace ya una década.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Locura.


        Cuando era pequeña mi abuela decía que me volvería loca como Don Quijote de tanto leer.

Tenía razón en cuanto a que leía muchas horas al día, recuerdo que me escondía para hacerlo sin que me vieran, lo malo era que la casa donde vivíamos a penas contaba con sesenta metros cuadrados, me ocultara donde me ocultara era descubierta rápidamente.     

Lo que más me emocionaba era que cuando leía un libro me metía en la historia de tal manera que podía sentir las mismas sensaciones que su protagonista.            

Me pasaba horas después de terminarlo saboreando y recordando las vicisitudes 
y alegrías del héroe en cuestión, una pasada.

Así ha sido toda mi vida y esta mañana me he acordado de mi abuela, ayer terminé la vida de Lady Godiva de Coventry y he amanecido en comisaría así, de esta guisa.


 

sábado, 14 de septiembre de 2013

                                                          Descendí al infierno
                                                          voluntariamente
                                                          unas manos me esperaban
                                                          entre las llamas
                                                          para llevarme al cielo
                                                          Las mías


       Nada tiene que ver la forma en que caminamos por la vida con nuestra verdadera esencia, andamos como si una fuerza oculta nos empujara a correr y descubrir no se que cosas cuando en realidad un paso ni lento ni acelerado nos ayudaría a contemplar y sentir ese hermoso paisaje por el que transitamos sin apegarnos  a nada ni nadie y así ser libres de elegir donde pararnos y descansar siendo y fluyendo con él.

      La historia de mi vida es como la de cualquier mortal con connotaciones dedicadas exclusivamente a mi, las que elijo experimentar, habrá un día en que ni a eso aspire, simplemente dejaré que el alma discurra a su aire para ser esa esencia.

      Mientras ese acuerdo conmigo misma llegue viviré cada uno de los instantes que programo en el día a día con la pasión que quiero sentir, por absurdo que parezca, todo lo vivido me lleva allí, al verdadero hogar, a la luz.

                       

Prólogo.

                                             
            Si con mis pasos me alejé, con ellos vuelvo a ti. Llevo años en una loca carrera, llamando a puertas que el pensamiento dice pueden ser la tuya y se que es mentira porque ninguna tiene la aldaba que te caracteriza, toscas y huecas con su voz silenciosa en nada se parecen al sonido y las hechuras de tu alma.

            Anoche te vi en mis sueños, tu mudo y yo pidiendo razones, tu cara pegada a la mía acariciaba el alma perdida que me habita, me dejé llevar por instantes para luego caer en las preguntas, era tan suave tu rostro, tan fuerte y grandilocuente tu silencio que enmudecí y me dejé acariciar, eras sin cuerpo ni manos, tu boca sin labios ni lengua, tus ojos ni me miraban y estabas allí, diciendo tantas cosas.

            ¿Cómo será posible que nunca escuche a mis sueños?

            Desperté con la sensación de que habías venido para refrendar lo acordado antes, mucho antes de todo esto.

            Este tiempo de pugna contra la razón, por la razón del encuentro, he despedido a los fantasmas de mi mente uno a uno. Sin duda alguna, sabiendo que estos pasos que me retrasan están abocados a su final, ya los he dado definitivamente.

            Ahora en este instante, llegó nuestro encuentro, entre tu y yo los abismos desaparecen, sin distancias que nos separen estamos juntos en medio del puente observando el rio que a nuestros pies fluye, es la aventura hermosa que escogimos para discurrir con la vida, para ser, vivir y confiar en lo que somos.


            ¡Bienvenido seas!