Cuando era pequeña mi abuela decía que me volvería loca como Don Quijote de tanto leer.
Tenía razón en cuanto a que leía muchas horas al día, recuerdo que me escondía para hacerlo sin que me vieran, lo malo era que la casa donde vivíamos a penas contaba con sesenta metros cuadrados, me ocultara donde me ocultara era descubierta rápidamente.
Lo que más me emocionaba era que cuando leía un libro me metía en la historia de tal manera que podía sentir las mismas sensaciones que su protagonista.
Me pasaba horas después de terminarlo saboreando y recordando las vicisitudes
y alegrías del héroe en cuestión, una pasada.
Así ha sido toda mi vida y esta mañana me he acordado de mi abuela, ayer terminé la vida de Lady Godiva de Coventry y he amanecido en comisaría así, de esta guisa.
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Cierto, pero no ibas montada en un caballo, sino en 105, los del coche zeta que yo conducía.
ResponderEliminarAbrazos, siempre
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