sábado, 14 de septiembre de 2013

Prólogo.

                                             
            Si con mis pasos me alejé, con ellos vuelvo a ti. Llevo años en una loca carrera, llamando a puertas que el pensamiento dice pueden ser la tuya y se que es mentira porque ninguna tiene la aldaba que te caracteriza, toscas y huecas con su voz silenciosa en nada se parecen al sonido y las hechuras de tu alma.

            Anoche te vi en mis sueños, tu mudo y yo pidiendo razones, tu cara pegada a la mía acariciaba el alma perdida que me habita, me dejé llevar por instantes para luego caer en las preguntas, era tan suave tu rostro, tan fuerte y grandilocuente tu silencio que enmudecí y me dejé acariciar, eras sin cuerpo ni manos, tu boca sin labios ni lengua, tus ojos ni me miraban y estabas allí, diciendo tantas cosas.

            ¿Cómo será posible que nunca escuche a mis sueños?

            Desperté con la sensación de que habías venido para refrendar lo acordado antes, mucho antes de todo esto.

            Este tiempo de pugna contra la razón, por la razón del encuentro, he despedido a los fantasmas de mi mente uno a uno. Sin duda alguna, sabiendo que estos pasos que me retrasan están abocados a su final, ya los he dado definitivamente.

            Ahora en este instante, llegó nuestro encuentro, entre tu y yo los abismos desaparecen, sin distancias que nos separen estamos juntos en medio del puente observando el rio que a nuestros pies fluye, es la aventura hermosa que escogimos para discurrir con la vida, para ser, vivir y confiar en lo que somos.


            ¡Bienvenido seas!

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