Si con mis pasos me alejé, con ellos
vuelvo a ti. Llevo años en una loca carrera, llamando a puertas que el
pensamiento dice pueden ser la tuya y se que es mentira porque ninguna tiene la
aldaba que te caracteriza, toscas y huecas con su voz silenciosa en nada se
parecen al sonido y las hechuras de tu alma.
Anoche te vi en mis sueños, tu mudo
y yo pidiendo razones, tu cara pegada a la mía acariciaba el alma perdida que
me habita, me dejé llevar por instantes para luego caer en las preguntas, era
tan suave tu rostro, tan fuerte y grandilocuente tu silencio que enmudecí y me
dejé acariciar, eras sin cuerpo ni manos, tu boca sin labios ni lengua, tus
ojos ni me miraban y estabas allí, diciendo tantas cosas.
¿Cómo será
posible que nunca escuche a mis sueños?
Desperté con la sensación de que
habías venido para refrendar lo acordado antes, mucho antes de todo esto.
Este tiempo de pugna contra la
razón, por la razón del encuentro, he despedido a los fantasmas de mi mente uno
a uno. Sin duda alguna, sabiendo que estos pasos que me retrasan están abocados
a su final, ya los he dado definitivamente.
Ahora en este instante, llegó
nuestro encuentro, entre tu y yo los abismos desaparecen, sin distancias que
nos separen estamos juntos en medio del puente observando el rio que a nuestros
pies fluye, es la aventura hermosa que escogimos para discurrir con la vida,
para ser, vivir y confiar en lo que somos.
¡Bienvenido seas!
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