Hacía años que no me compraba unos
zapatos de los que me gustaban tanto, los de tacón de aguja y puntera clásica,
redondeadas como la misma luna.
Cuando los vi en el escaparate ni lo
pensé, entré y pedí mi numero en color negro, la chica me miró raro.
-¿Se ha
dado cuenta de que el tacón es muy fino y mide doce centímetros?
-Claro que
sí, por eso quiero comprarlos.
-Pero…
-Sáquelos
de una vez,
En el momento que los tuve en mis
manos me enamoré de ellos, su piel suave
y negra se pegó a mis pies, adivinaba al vérmelos puestos una relación sensual
y amorosa entre ellos y yo.
La dependienta no salía de su
asombro cuando los pagué
-¿Se los pondrá?
-Por supuesto que sí, todas las
noches para dormir.
La joven me acompañó hasta la puerta
ayudándome a sacar el andador, muletas que me sostienen hace ya una década.
te felicito por tu blog, donde vendre misteriosamente a leer tus cosas :-)
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